Mariola Pérez Martínez
Hija de padre manchego y madre canaria, nací el cinco de octubre de 1966 en la ciudad de Barcelona, donde viví hasta los diez años (creo recordar). Fui, y doy gracias de seguir siendo, la segunda de cinco hermanos. Cuatro niñas y un niño, todo un desafío para mis padres.
La pasión por la escritura se la debo a mi padre y la llevo ejerciendo, con mejor o peor fortuna, desde que era una niña. Por entonces leía cuanto caía en mis manos, incluidas las novelas del oeste que solía leer mi madre. No debía tener más de diez años cuando escribí mi primera novela, en la que emulaba las hazañas de los personajes de Marcial Lafuente Estefanía. Siempre he sentido la necesidad de compartir con mi familia lo que escribo. Aquella vez no fue diferente. Allí estaba yo, leyendo para ellos lo que creía iba a ser todo un éxito literario. Aún oigo las risas que provocó el protagonista cuando sacó, nada más y nada menos, que un winchester del bolsillo de su chaleco. En mi defensa diré que era una niña. No entendía de armas de fuego. Como diría una amiga mía: ¿Yo tenía que saberlo?
Por suerte (o por desgracia) eso no me desanimó. Seguí escribiendo, alentada por los maestros que tuve la fortuna de encontrar en el colegio y, más tarde, en la Escuela de Formación Profesional de Sabadell, donde cursé estudios en la rama Administrativa. Abandoné en el quinto y último curso, aquello no era para mí. No me arrepiento. La contabilidad siempre me ha traido de cabeza. Tal vez sea por eso que me cuesta tanto llegar a fin de mes. En la actualidad soy estudiante de filología hispánica, aunque llevo unos cuantos años sin asistir a clase.
Empecé a escribir poesía siendo muy jovencita, aunque debo decir que todavía no he publicado ningún libro. Trabajo en ello cada día, inspirada por autores de la talla de Manuel Altolaguirre, Pedro Salinas, Guillem d’Efak, Dylan Thomas y Miquel Martí i Pol, dejándome llevar por la magia de sus versos, por la crudeza o la belleza de sus imágenes y, en definitiva, por todas esas palabras que, pese a estar ahí, yo jamás habría sabido utilizar con tanto acierto. Espero que mi primer poemario salga a la luz en 2022, aunque considero que me queda todavía mucho por hacer.
En lo que respecta al género narrativo, se ha publicado alguno de mis relatos en trabajos colectivos. Por el momento mi única contribución en solitario al complejo mundo literario ha sido Pasen y vean, un compendio de narraciones breves de temática social editado en enero de 2020 por la editoral La Equilibrista. Como todos sabéis, estos dos últimos años han resultado una pesadilla por culpa del COVID-19. Infinidad de actividades culturales se han visto relegadas a un segundo plano, por lo que Pasen y vean ni tan siquiera ha sido presentado al público. Este factor ha contribuido a que la obra en la que he trabajado durante tanto tiempo, haya pasado del todo desapercibida. No me puedo permitir el lujo de quedarme de brazos cruzados como sin duda, debido al desencanto, he hecho hasta el día de hoy. Solo espero tener un poco más de suerte con mis próximos trabajos.
Y, como decía Bugs Bunny, eso es todo amigos.
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